domingo, 27 de mayo de 2018

Joaquín C. Plana - Extenuación por la Implacable Sosa.

 Extenuación por la Implacable Sosa, Volumen II de Cueva de Ilotas Exánimes. Nueva publicación en formato e-book. 
 Recoge los textos clasificados como Imaginen ... XVI - XXIX, más Empresas: valles de los caídos en el blog joaquinplana.wordpress.com ...
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miércoles, 9 de mayo de 2018

Joachim Schwabing - Arquitectura del suicidio.



Arquitectura del suicidio.


 Observó la pared y reflexionó una decoración. El resto de la habitación se calculaba en una sobria elegancia y la mujer consideró que su reflejo sería aquel adorno.

 Así apareció el espejo que toda una pared cubrió. 

 La marca de la ocurrencia en la solución atraería después, pronto, el hábito ordenado de la visita, hábito que obró la llegada de otros enseres. Los nuevos moradores aprobaban con su presencia la resolución de su aparición y fue así que su causante comenzó a descuidar otras estancias por la moldeada bienvenida de la habitación duplicada.

 Fue luego el juego, la variación posicional de los objetos, la embriaguez de cada nueva articulación repetida en la luz que los batientes de la puerta y las ventanas permitían alojar, circular, reimaginando aristas y volúmenes en la transición de las horas. Mas fue también el destello de lo no variante percibido, la inmovilidad de la puerta y la ventana, su permisividad engañadora, ocultadora.

 El brillo quedó registrado; la variación no era conductiva, no era más que la habitación una y otra vez. El ámbito estaba cerrado; la alteración, la actualización, no posibilitaba la salida del reflejo. También la mujer variaría en la imagen. Se percibía espacial en ella. Interior. Allí. En una habitación cuya puerta, cuyas ventanas, eran inaccesibles, ella estaba.

 Pronto comenzó a permanecer en la habitación cuyas aberturas eran intransitables. Fue así como dejó de aparecer, como desapareció el reflejo,

 En la unicidad ignorada, en la inercia llamada voluntad, la mujer no conoció que no abandonaría la habitación. Apenas la desazón del hambre que emanó intransferible y por ello tolerada.

 Devorada de sí misma, dejó de latir. Plana su tumba.

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© Protegido.

jueves, 19 de abril de 2018

Joachim Schwabing - Acunar los crujidos.


Acunar los crujidos.

 Sentada en el extremo del corredor, acuna crujidos. Inclina y oculta la boca entre las rodillas y mastica, pero sabemos que no come. Reconocemos en la pulsación de los cabellos que duerme; el hombre que nos la devolvió nos observó en el instante que sus brazos dejaban de sostenerla y su indulgencia halló la nuestra. No habló. Tampoco ella. Aún. Sólo nos escupe astillas blancuzcas si le preguntamos; sólo, pues algo más se acumula bajo las piernas encogidas, algo que asociamos a chasquidos y al espasmo de la sombra que sobre la esquina se proyecta.

 Hoy encontramos la imagen del hombre en un periódico, acompañada por la información de un número. Mas nuestra hija no incluida en él.

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© Protegido.