miércoles, 9 de mayo de 2018

Joachim Schwabing - Arquitectura del suicidio.



Arquitectura del suicidio.


 Observó la pared y reflexionó una decoración. El resto de la habitación se calculaba en una sobria elegancia y la mujer consideró que su reflejo sería aquel adorno.

 Así apareció el espejo que toda una pared cubrió. 

 La marca de la ocurrencia en la solución atraería después, pronto, el hábito ordenado de la visita, hábito que obró la llegada de otros enseres. Los nuevos moradores aprobaban con su presencia la resolución de su aparición y fue así que su causante comenzó a descuidar otras estancias por la moldeada bienvenida de la habitación duplicada.

 Fue luego el juego, la variación posicional de los objetos, la embriaguez de cada nueva articulación repetida en la luz que los batientes de la puerta y las ventanas permitían alojar, circular, reimaginando aristas y volúmenes en la transición de las horas. Mas fue también el destello de lo no variante percibido, la inmovilidad de la puerta y la ventana, su permisividad engañadora, ocultadora.

 El brillo quedó registrado; la variación no era conductiva, no era más que la habitación una y otra vez. El ámbito estaba cerrado; la alteración, la actualización, no posibilitaba la salida del reflejo. También la mujer variaría en la imagen. Se percibía espacial en ella. Interior. Allí. En una habitación cuya puerta, cuyas ventanas, eran inaccesibles, ella estaba.

 Pronto comenzó a permanecer en la habitación cuyas aberturas eran intransitables. Fue así como dejó de aparecer, como desapareció el reflejo,

 En la unicidad ignorada, en la inercia llamada voluntad, la mujer no conoció que no abandonaría la habitación. Apenas la desazón del hambre que emanó intransferible y por ello tolerada.

 Devorada de sí misma, dejó de latir. Plana su tumba.

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© Protegido.

jueves, 19 de abril de 2018

Joachim Schwabing - Acunar los crujidos.


Acunar los crujidos.

 Sentada en el extremo del corredor, acuna crujidos. Inclina y oculta la boca entre las rodillas y mastica, pero sabemos que no come. Reconocemos en la pulsación de los cabellos que duerme; el hombre que nos la devolvió nos observó en el instante que sus brazos dejaban de sostenerla y su indulgencia halló la nuestra. No habló. Tampoco ella. Aún. Sólo nos escupe astillas blancuzcas si le preguntamos; sólo, pues algo más se acumula bajo las piernas encogidas, algo que asociamos a chasquidos y al espasmo de la sombra que sobre la esquina se proyecta.

 Hoy encontramos la imagen del hombre en un periódico, acompañada por la información de un número. Mas nuestra hija no incluida en él.

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© Protegido.


lunes, 16 de abril de 2018

George C. de Lantenac - Spinoza.

George C. de Lantenac – Spinoza.

Spinoza.
El muchacho entró en la cámara y se detuvo. Habló, sin volver a dejar cerrado el portón.
– ¿ Me ha reclamado ?
El anciano, en pie, ante la luna del mueble, ofrecía un perfil al recién llegado.
– Has cambiado – le respondió, atento a la imagen ante él -.
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George C. de Lantenac, Spinoza, obra desconocida. Texto completo. Se reproduce con el expreso consentimiento del traductor del mismo al Español, Albert Sans.

viernes, 1 de diciembre de 2017

George C. de Lantenac - La esencia como apelación del autoritarismo al autoritarismo: el discurso hipostático.




La esencia como apelación del autoritarismo al autoritarismo: el discurso hipostático.


 Apelar a la naturaleza es apelar a lo fijo y a lo variable finito o controlable. En ella, y a diferencia de la semilla, la sangre o la raíz, la esencia es más literaria, no meramente una comprensión desplazada. La esencia es un vacío como un dios que no responde cuando es interpelado: ha de llenarse, y se llena del contenido de lo experimentado y de su emoción. Ello necesita de una creencia previa: la de la individualidad. Así, lo abstracto se ha concretado en un concepto; lo único separado pero accesible y permeable: una mónada sociable. Tal dialéctica de lo uno entre todos, supura lo distinto: el tirano crece romántico e infantil.

 Así, apelar a la esencia es apelar a la salvación de un ámbito llamado yo. Donde el individuo sólo es una percepción, un flujo aquietado para un uso de orden en el reconocimiento – constructo de la otredad–, aparece la aspiración al imperio del yo atenido a otro concepto: el de la mismidad. La mediada adhesión al reflejo crea la propiedad, y la propiedad conlleva una responsabilidad. Ahí surge la salvación: nada más propio que esas emociones que crean un marco. La esencia se acaba por limitar: yo soy la esencia. En su fundación, el límite-yo-esencia no es sinónimo de defensa: es la defensa misma.

 Quien apela a la esencia, así, apela al contra todo y todos que no sean esos sentimientos. Se invita a la voracidad, a la competencia. Es el triunfo de la religión de la individualidad personificada – Capitalismo, Cristianismo –: el ser humano individualizado da contenido al dios y lo define. Es la religión del dios-yo cuando la esencia tiene tantas definiciones como experiencias distintas le dan referencia.

 Por ello, teman a quien remita a la esencia: es un sacerdote que apunta a la responsabilidad de ustedes en relación a una idea no identificable sólo perceptible en la convicción, la cual crea identidad o individuo. Y ustedes serán manipulables, manufacturables, moldeables, pues algo que es porque se dice que es, puede ser cualquier cosa. Y ustedes serán útiles de un propósito que creerán propio, pero que depende de un plan previo.

 Huyan de los rectores de la esencia: buscan su disolución en la uniformidad de la militancia, de la feligresía. No les quieren diferentes o libres, pues la libertad no cabe en el límite, a menos que sea un concepto. Sólo quieren que crean en una diferencia o una libertad.

 El número de creyentes confirmará razón al plan y la razón del plan organizará su lógica. Latiranía del yo es ahora compartida en la común creencia en la esencia: la comunidad se ha establecido, la evidencia permea todo hábito. Lo autoritario tiene patente de corso.

 Autoritarismo: estructura de su fe.         






 La reproducción del texto de George C. de Lantenac se realiza con el expreso consentimiento del traductor de la obra Ensayo sobre la Muerte de Jesús de Nazareth, Albert Sans.


miércoles, 5 de julio de 2017

Joaquín C. Plana - Cueva de Ilotas Exánimes.


 Cueva de Ilotas Exánimes, nueva publicación en formato e-book. 
 Recoge los textos clasificados como Imaginen ... en el blog joaquinplana.wordpress.com ...


Descarga gratuita y segura en estos enlaces:

bubok.es/libros/251852/Cueva-de-Ilotas-Exanimes
espanol.free-ebooks.net/ebook/Cueva-de-Ilotas-Exanimes
lulu.com/shop/joaquín-c-plana/cueva-de-ilotas-exánimes/ebook/product-23241026.html



sábado, 1 de julio de 2017

Albert Sans - Hostil.



 Nueva obra narrativa de Albert Sans: Hostil.





 Descarga gratuita y segura en los siguientes enlaces:

 bubok.es/libros/251860/Hostil

 espanol.free-ebooks.net/ebook/Hostil



lunes, 19 de junio de 2017

Efugio.



Efugio.

George C. de Lantenac.


El hombre había huido. No sus compañeros, caídos en la emboscada de las bayonetas. Quienes la planearan aún inadvertían su móvil presencia, tras él ahora. Apenas un rumor, que hojas o ramas dentro del viento podría aventurarse que produjeran.

En su tránsito de regreso, el hombre halló favorables las ruinas de la fortaleza que antes considerara equívocas. Escaleras, pasillos, celdas. Entonces, por vez primera, una voz. El eco del abandonado lugar la traía cerca. Recorrió las resbaladizas piedras hasta que unos barrotes y su postrera oscuridad invitaron una seguridad. A través de los hierros cruzó; lo que acaso creyó ropas amontonadas le sirvió para junto a ellas disponer otra emborronada apariencia.

Voz otra vez. Aunque no ya eco.

Lo mataron, la sien escrupulosamente ahondada. El soldado no lo supo. Creyó despertar, haber dormido. Pero la vela correspodía ahora a su espectro, que sí iba a dormir y a soñar. Su resto muerto allí permanecería, inatendido. En el sueño de la realidad, siempre escapaba arteramente de los hombres que le persiguieran y la guerra había conmovido un triunfo para su bando y en el hogar anhelado le cubría la honra de sus pares.

Sólo recelaba del despertar, que nombraba como el sueño de la estancia en un calabozo donde todo estaba siempre quieto y sin tiempo.

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Efugio
es un texto narrativo breve escrito por George C. de Lantenac, incluido en la obra Las flores del fuego y traducido al Español por Albert Sans - Copyright –.