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viernes, 6 de marzo de 2020

Joaquín C. Plana - Imaginen ... el ojo del huracán.


Imaginen ... el ojo del huracán.


 Imaginen a un hombre, lamedor de cirios a Homero dispuestos. Seguidor de Héctor. Como tal, temeroso de Aquiles. Un carro guiando, a su lado un Paris del siglo XIX remedo escuchó:
 - Espero que no lo llegue a saber. Joder. Me rompe la vida. Ya me ha repetido varias veces que los funcionarios son la miseria humana a sueldo. Si se entera de que ha contratado a un opositor a profesor ... que además no ha aprobado ...
 Paris observó la titilante mirada. Conocería después que quien no tenía que llegar a saber, ya había sabido. Y que éste perseguía al admirador de Héctor, sin que el admirador de Héctor supiera que estaba corriendo.
 Mas esta mitología admite una variación: en ella, el perseguidor habría atrapado al admirador de Héctor y, matado, arrastraría el cadáver alrededor de la Troya de los Jardines Altos, mientras, camino del hogar de Hades, el no-muerto se imaginaría vivo. 
 Aquiles vivo. Troya privada en pie. Paris y aljaba. 
 Aquel titilar crea al caudillo.


viernes, 21 de febrero de 2020

Joaquín C. Plana - Imaginen ... lo sublime extensivo.


 Lo extensivo sublime.


 Es una reducción. Dedicada a y para reducidos. Acaso no por reducidos. Lo extensivo es sublime, o excelso. Lo han afirmado - disculpen el uso plural -. Identificar la extensión con un sentimiento y su emoción y aceptar la identificación es, sólo, el triunfo de un concepto. Su monetización no suele tardar en llegar. Al menos, no quiere tardar en llegar.
 Reducidos: admiradores, admiradoras, de la proporción asociada a arquetipos de divinidad y esperanza. Acaso no reducidos: los mantenedores de admiración, sus impulsores - los encontrarán también tras la caja -.
 Les dejo mi aportación a lo sublime extensivo:
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El cono truncado de Honor.


sábado, 26 de octubre de 2019

Esto no lo pudiste dictar. Imaginen ... LXIX.

 Imaginen estas últimas palabras en una orden por escrito dejada:

 Así, pasados casi cuarenta y cuatro años de mi defunción e inhumación, mi cadáver se desenterrará y trasladará a la santa tierra de reposo sita en la madrileña localidad de Mingorrubio. A este fin, se hará uso del medio de transporte más pertinente a tan noble fin y ...

Imaginen sólo: esto no lo pudo dictar.

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joaquinplana.wordpress.com


viernes, 20 de septiembre de 2019

Memento mori.

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 Es un reconocimiento. El reloj. Veinticinco años. Son los años contados los eslabones. Es el reloj que os ha entregado el grillete. Y el trofeo. Pues es su triunfo el que os ha lanzado a la cara y ha mentido regalo. El tiempo ha sido vuestro regalo. Vosotros habéis entregado. Grillete o trofeo que no importa que ahora ajustéis a la muñeca: ya ha sido ajustado. Ha sido su poder; ha sido demiurgo porque le habéis dejado el mapa celeste para que trace vuestras constelaciones. Para que - finalidad cedida -. Es un reconocimiento: mi tiempo ha sido tuyo, tu tiempo ha sido mío. No hay alcohol que difiera este juicio. 
 Miraos. Grises. Uniformemente grises; aunque cada vez seáis menos. Situados por encima del demiurgo; pero por detrás de él. Ficción de bondad de pirámide invertida. Algunos la conocéis. Esta imagen. Y hace varias fotos que no aparecéis. Más atrás, acaso. Esos algunos podrían creer que así niegan o rechazan; una dialéctica poco hábil establecería que es sólo afirmación lo que actuáis.
 Ni el lecho de muerte os pertenecerá. La protesta no os lo va a entregar ya. Vuestro lecho de muerte es suyo; quienes tal vez ya casi idos comiencen a añoraros, le mirarán a él, aunque no lo sepan. Porque no lo sabrán. Llorarán, seguro. Pero no por quien podría haber albergado la carne, sino por quien se reencarnó en vuestro tiempo. Aunque no lo sepan. Porque no lo sabrán. Quien allí percibirá la luz última será un ser en un lecho de muerte ajeno, mas sentido propio.
 Triunfo.

viernes, 15 de febrero de 2019

Joaquín C. Plana - La ingenuidad de Galileo.



La ingenuidad de Galileo.


Galileo escribió:


´ Sería como si un déspota absoluto, no siendo ni médico ni arquitecto, pero sabiéndose libre para ordenar, decidiera administrar medicamentos y erigir edificios según su capricho – con gran peligro para las vidas de sus pobres pacientes y la rápida ruina de sus edificios – ´.

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 Imaginen una empresa. A su director. Que éste no estuviera cualificado para la producción de un artículo que se comprometería a elaborar y que no lo elaborara. Pero que, haciendo uso de la esperanza ajena – cuya forma contante es la inversión económica –, fuera convincente que el artículo prometido podría elaborarse. Mientras que el artículo a elaborar habrá de ser otro.

  - Pueden pasar a recogerlo.

 Y no se diría otro a los ojos de la esperanzada clientela, convencida y satisfecha en la sola entrega, en seda y brillo envuelta. La inversión ha sido exitosa.

 Es la esperanza la que hace certidumbre de la ilusión del éxito. La que obvia la ilusión. Aquel director lo sabría: los espectros se reconocen entre ellos, sólo hay que orientar la percepción. Se evita la responsabilidad así: cómo culpar a una visión, cómo probar lo inductivo.

 Ingenuidad de Galileo.

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© Joaquín César Plana Alcaraz.